wayasiwá

wayasiwá
Del maz.tk *wayya yǝswā, loc. lit. ‘el espíritu ha bebido, se ha impregnado’, fig. ‘bautizo’.

Y + S·W

1. loc. nom. GC. desus. Rel. Soc. Ceremonia, de alcance similar al bautismo, por la que un espíritu asume una personalidad temporal (encarnación) que vincula a una comunidad social de su elección, la cual lo recibe y se compromete con su proyecto vital.

§ «Pensaba ayer en el bautizo de [Nombre] y, mientras percibía algún detalle de cómo debería ser la ceremonia, me vino también una palabra, «Wayasiwá», entiendo que para designar el rito» [Canalización de Íride Quintana (Las Palmas de Gran Canaria), com. pers. 14-VIII-2016].

§ Cf. GC, Tf. «A los niños recién nacidos echaban agua i lababan las cabecitas a modo de bautismo, i éstas eran mujeres buenas i vírgenes que eran las Marimaguadas, i decían que tenían parentesco como nuestros padrinos. No daban rasón de esta seremonia, i era en Canaria i Thenerife, mas no supimos de otras islas aunque los usos eran comunes» [Gómez Escudero (ca. 1484) 1993: 438].

§ Cf. Tf. «Quando nacia alguna criatura / Le echaua vua [sic] muger, que era ſu oficio / Agua con gran cuydado en la cabeça, // Y alli ſu nombre propio le ponian. / Quedando enparentada con los padres, / Sin que les fueſſe permitido ô licito, / Caſar con ella por aqueſta cauſa, / Aunque ſe entiende por la mayor parte / Ser eſte oficio proprio de las Virgenes, / Que ſolian llamar Harimaguadas / Y prometian virginal pureza, / Las quales auitauan en clauſura / De grãdes Cuebas como en monaſterios» [Viana 1604, I: 11v-12r].

§ Cf. (H) «Habituellement l’enfant reçoit à sa naissance le nom d’une personne aimée ou vénéré, vivante ou morte; mais, peu après, on lui donne souvent un surnom, choisissant ou fabriquant parfois un nom nouveau, que nul n’a porté, pour éviter les confusions. Plus d’une fois, après quelques années, le nom primitif de la personne est oublié et elle n’est plus connue que par son surnom, qui est regardé désormais comme un nom, et est donné plus tard à d’autres en son honneur» [Foucauld 1940: VII].

§ Cf. «[…] en estas yslas se ponian los nombres por la mayor parte según los hechos, y sucesos que acaesían alos hombres» [Abreu (ca. 1590, III, 3) d. 1676: 77v].

GLOSA

Esta certera observación de Abreu Galindo hace referencia al nombre público, que, formado sobre una base expresiva muy similar a un apodo, podía variar a lo largo de la vida conforme a los diferentes atributos y situaciones que atravesara el sujeto. Pero la costumbre tradicional (tazne) contemplaba también una designación substantiva, el «nombre verdadero» que, como ocurría en Egipto, contenía «toda la esencia» de esa persona: «El nombre significaba la manifestación de un ser o la realización de una cualidad» (Lurker (1974) 1991: 144). Un cuerpo sutil de la identidad trascendente, que percibía algún pariente con sensibilidad sobrenatural y, en cierto momento, comunicaba en secreto al portador, quien luego podía confiar o no esa información a otras personas (en función de cuánto y ante quién quisiera exponer ese canal hacia su energía espiritual).

Referencia

Lurker, Manfred. 1991 (1974). Diccionario de dioses y símbolos del Egipto antiguo. Manual del mundo místico y mágico de Egipto. Barcelona: Índigo.

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