
El respeto, sin que implique sumisión, debería regir las relaciones entre todas las manifestaciones de la creación, cualquiera que sea su condición o grado de madurez espiritual. Esto incluye también a las expresiones que viven fuera de la luz y hasta puedan mostrarse hostiles. Cada ser sigue un curso existencial y merece que se le reconozca su lugar, fuera de injerencias y exhortaciones.
Sin embargo, cuando esta pauta ética no fluye con reciprocidad y cabe presumir un comportamiento nocivo por la otra parte, queda perfectamente justificado interponer las restricciones y obstáculos que se consideren oportunos. Ahora bien, sin concebir esta respuesta como una confrontación.
La tarha Anătag [anétak] brinda un escudo singular. En su literalidad, el término que la define significa ‘rechazo’, activa la ‘expulsión’, el ‘empuje (con determinación) hacia fuera’ de aquello que nos enfrenta de manera perniciosa, pero sin afectar a la integridad de ese mal, que sólo es desviado o alejado.
Como recomendación particular, aparte de poderse imprimir o dibujar (según la costumbre, sin añadir color o texto), aconsejamos que se confeccione en barro o madera y se coloque en la esquina superior derecha de aquello que se desea proteger (vivienda, coche, cuna, etc.). En realidad, era grabada en los marcos de arcilla o madera de las puertas de las casas, pero hoy planteamos todo esto con carácter opcional (aunque siempre un soporte lo más natural posible será una buena elección para la realización de cualquier tarha).

En el caso de insertar la tarha en una residencia, también resultará adecuado agradecer a la casa su acción protectora con la siguiente recitación (o mantra):
Tanǝmmirt taddart tǝwâgh turna
[tánem·mír tadár tewáj turná]
Gracias, casa, por no dejar pasar la enfermedad