
En la quietud del alma, el ser reconoce su destino. A la fuerza y determinación del ánimo, confía su realización solvente. Pero sólo la rectitud de los actos devuelve la certeza del camino que crea la liberación del Espíritu.

En la quietud del alma, el ser reconoce su destino. A la fuerza y determinación del ánimo, confía su realización solvente. Pero sólo la rectitud de los actos devuelve la certeza del camino que crea la liberación del Espíritu.